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Nueve características diferenciales de la economía de América Latina

América Latina es una región del mundo que suscita un gran interés por su significación económica en un contexto de globalización. Baste recordar cómo las teorías del desarrollo económico se han referenciado tradicionalmente, sobre todo desde mediados del siglo XX, al escenario latinoamericano como el mejor laboratorio de observación.

Ese interés es todavía mayor para España y no sólo por su gran relación histórica sino por la más reciente confluencia de intereses mutuos, especialmente tras la llegada masiva de inversiones directas españolas a la zona desde los años 90, que ha significado una gran modernización de gran parte de la estructura productiva de ciertos sectores latinoamericanos y, al mismo tiempo, ha hecho que una parte importante de los resultados de las grandes empresas españolas dependan hoy de esa región. Sin olvidar la reciente irrupción de los capitales latinoamericanos y de las “multilatinas” en la economía española actual.

Por ello nos parece interesante dibujar los perfiles que caracterizan a América Latina, agrupados aquí en estos 9 rasgos diferenciales:

1.- Gran heterogeneidad de situaciones económicas entre los distintos países

América Latina no es una zona homogénea económicamente puesto que la gran diversidad de situaciones económicas de los países que la componen hacen de ella una zona muy heterogénea.

A modo de ejemplo, poco tienen que ver las situaciones económicas actuales de los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia, Méjico) con las de Mercosur (Argentina. Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela…). Aun así, cabe dibujar el perfil común de sus rasgos diferenciales frente a las otras grandes regiones del mundo, como seguimos enumerando en los siguientes puntos:






2.- Gran desigualdad de la renta y la riqueza dentro de cada país


Es una característica singular y de gran relevancia estructural a lo largo del tiempo. América Latina es la región del mundo con mayor desigualdad.
Si utilizamos el índice de GINI, el indicador más adecuado para medir esa desigualdad, nos encontramos con que de los 40 países más desiguales del mundo casi la mitad son países de la región que se entremezclan con 13 países africanos, generalmente pequeños, y algunos asiáticos, con la sola presencia de un país europeo (Bulgaria).
(Recuérdese que el Índice de Gini va desde 0 <máxima igualdad teórica en la distribución de la renta> hasta 100 <máxima desigualdad>. Una explicación completa en nuestro video "Medición de la distribución de la renta")

Pues bien, en este ranking de los países latinoamericanos dentro de “los 40 más desiguales del mundo” los valores de Gini van desde los 45,3 de Uruguay hasta los 59,2 de Haiti y en medio grandes países como Brasil, Colombia, Chile, Argentina, Méjico, Perú, Venezuela...

Merece la pena hacer mención al caso específico de Venezuela que ha avanzado en los últimos años, no así recientemente por cierto, hacia un mayor igualitarismo (aunque sigue en niveles altos de desiguadad) pero cabe decir, sin caer en la demagogia, que este “avance” se ha conseguido por el nada envidiable método de “igualar hacia la pobreza” tras su peculiar sistema de política económica que ha llevado a la desastrosa situación actual de su economía. No sigue así los pasos exitosos de Ecuador

En definitiva, América Latina ha mejorado su comportamiento económico en muchos aspectos ya que ha disminuido la pobreza y la indigencia (un indigente es quien no recibe las calorías necesarias para sobrevivir) y ha afrontado la crisis internacional en mucho mejores condiciones que en épocas pasadas pero los avances han sido insuficientes en la cohesión social puesto que la desigualdad permanece pese a estos progresos registrados en los últimos años.

3.- Escasa integración económica entre sí, con un bajo comercio intrarregional


Pese a la retórica política de algunos países y a la proliferación inoperante a lo largo de los años de todo tipo de Asociaciones, Organismos, Acuerdos y Foros entre países, América Latina carece de integración económica entre sus países.

Un indicador bien significativo es su bajo comercio intrarregional (apenas el 19% de todo el comercio exterior de los países de la zona), lo cual resulta excepcional entre las regiones del mundo y es además bien elocuente de la escasísima integración económica de LATAM.

Aunque parezca algo en principio independiente, este bajo comercio intrarregional está también muy relacionado con su lenta inserción en la economía internacional, aunque es cierto que se han dado muchos pasos en los últimos tiempos, sobre todo con la proliferación de acuerdos comerciales bilaterales de los países más dinámicos (especialmente los mencionados que forman la Alianza del Pacífico) y por el gran auge del comercio con China.

En frase feliz atribuida a Felipe González, unas buenas carreteras transnacionales entre estos países harían más en pro de su integración que muchos acuerdos comerciales firmados bienintencionadamente en los despachos…

4.- Gran dependencia de sus recursos naturales (mineros, alimentarios ó energéticos)

El exitoso crecimiento económico del período reciente en la mayoría de sus países ha continuado basándose en el viejo modelo de los recursos naturales, es decir, en el alza de los precios de sus materias primas como consecuencia de la fuerte demanda de éstas provocada por el vertiginoso aumento de la industrialización asiática, voraz demandante de materias primas de América Latina. Es exactamente lo que había ocurrido ya a finales del siglo XIX con el caso similar de la industrialización acelerada de Europa que demandaba en grandes cantidades las materias primas de la región. 

Aquellos momentos han quedado fijados en la memoria popular de esos países como de gran prosperidad, como sucedió con las exportaciones de materias primas a principios del siglo XX (Argentina, Chile, Brasil…) y que podríamos ejemplificar con el magnífico perfil urbano y arquitectónico del Buenos Aires de la época que mantiene todavía hoy a la ciudad como una gran metrópoli de aires modernistas.
Pero estas oportunidades no se han aprovechado para completar este modelo hacia el sector industrial, desarrollando una cadena de valor añadido “aguas abajo” que le hubiera conferido no sólo efectos defensivos por su mayor diversificación sino también mayor estabilidad para su mejor inserción en los mercados internacionales.

Es realmente lo que ha sido su objetivo frustrado durante décadas: tener un desarrollo económico autosostenido, perseguido largamente por tantos teóricos del desarrollo económico, con Raúl Prebish y los cepalistas a la cabeza, y con Celso Furtado, Hirschman y tantos otros.

Todavía hoy esta excesiva dependencia de sus recursos naturales hace a la región muy vulnerable a los ciclos de sus cotizaciones en los mercados.

Tampoco podemos olvidar que en esta excesiva dependencia de sus materias primas hay al menos otros 2 riesgos ocultos, que deberían ser objeto de consideración:

A) El riesgo cierto de padecer la llamada “maldición de los recursos naturales” (y/o “el mal holandés”, Ver recuadro adjunto).

Una ilustración somera: en algunos países los fáciles ingresos estatales procedentes del petróleo han desalentado y, por tanto, obstruído, la construcción de sistemas administrativos y fiscales consistentes. Más aún, han provocado una distorsionadora estructura de precios relativos y su consiguiente asignación ineficiente de los recursos, todo lo cual significa un alejamiento peligroso de los estándares de costes internacionales y de la competencia internacional.

¿Ejemplos? Dos ejemplos anecdóticos y, por tanto, nada científicos, de mi observación personal: He podido constatar in situ el absurdo e irracional despilfarro de calefacción doméstica en Argentina, con las ventanas permanentemente abiertas, provocado por el precio irrisorio del gas debido a su subvención. Lo mismo cabe decir del precio subsidiado, casi de regalo, de la gasolina en Venezuela… (y encima, curiosamente, en ambos casos los países del ejemplo no son hoy autosuficientes en esos derivados…).


Todo ello genera toda clase de incentivos perversos en el mercado: consumidores, asignación de los recursos, inversiones productivas e investigadoras en el sector correspondiente, despilfarro energético, obsolescencia del parque automovilístico sin incentivos para su optimización y para proteger el medio ambiente con vehículos más eficientes, ausencia de estimulación para la suficiencia fiscal (ver punto siguiente) etc.

B) Hay otro riesgo más sutil de origen contable que distorsiona el conocimiento de la verdadera situación económica al quedar desfigurado el significado del PIB en la región. En efecto, el PIB mide las rentas (flujos) pero la riqueza es un stock. El no tener en cuenta el consumo de recursos naturales (riqueza) está enmascarando la evolución de sus rentas (PIB) ya que hay una verdadera merma de su riqueza (equivalente a un consumo de capital) que restará capacidad productiva en el futuro para la generación de rentas.

Esto no está contemplado todavía en los sistemas convencionales de cuentas nacionales actuales pero supondría ciertamente una infravaloración de las cifras del PIB futuro de este tipo de países (frente a aquellos que obtienen su PIB con rentas más recurrentes, sostenibles y sin consumir su stock de riqueza).

5.- Desfase de la transición demográfica
La transición demográfica (reducción del crecimiento de la población) se ha producido con más de un siglo de retraso respecto a Europa que la hizo al final del siglo XIX y principios del XX, mientras que las transformaciones demográficas propias de esta transición aparecen en América Latina sólo en las últimas décadas del siglo XX, con las características prototípicas de una acelerada baja de la fecundidad combinada con un descenso sostenido de la mortalidad.

Todo ello lleva, en consecuencia, a una disminución de la tasa de crecimiento de su población, que era todavía del 2,8% anual a mediados del siglo XX (hoy ya es sólo del 1,2%) y a un simultáneo envejecimiento progresivo de sus habitantes.

En términos comparativos, el peso actual de la población de AL es de un 8,56% respecto a la población mundial, habiendo subido desde el 6,5% en 1950 por este alto crecimiento demográfico mencionado que, por cierto, absorbía en ocasiones la propia expansión económica con lo que el crecimiento económico no servía para despegar de la posición de partida. Sin embargo, la previsión para 2050 es que su peso baje ligeramente a un 8,13 % de la población mundial debido a la adopción de este patrón demográfico más “moderno” frente a otras áreas (África, Asia).

No hace falta explicar el obvio impacto económico de esta trayectoria pero sí resulta interesante al respecto destacar el fenómeno singular de que en estos momentos América Latina disfruta, en palabras de la CEPAL, de un auténtico “bono demográfico”, gracias a la tregua transitoria de su actual reducida tasa de dependencia. 
(Recordemos que la dependencia se refiere a los potencialmente inactivos <hasta 14 años y después de 64> respecto a los potencialmente productivos <entre 15 y 64 años>).
 Debería aprovecharse esta “tregua” para incentivar cambios estructurales en su economía.


6.- Inflación larvada
En palabras de Enrique Iglesias, hasta hace poco Secretario General Iberoamericano, la inflación es “ese viejo invitado de piedra que tenemos en América Latina”. Pese al cambio radical respecto a la inflación de varios dígitos de hace unas décadas, hoy todavía hay países, como la actual Venezuela o Argentina, donde la inflación rebrota con preocupante virulencia.

No hay que olvidar que precisamente América Latina dio en su día nombre a una tipología de inflación, la “estructural”, que aunque era propia de las teorías estructuralistas de la época hoy nos ha quedado para denominar a aquel tipo de inflación que se atribuye a un defectuoso funcionamiento de los mercados internos.





7.- Insuficiencia de los sistemas fiscales
La insuficiencia de sus sistemas recaudatorios, a veces casi inexistentes, para obtener los recursos adecuados muestra un flanco débil para su economía: no sólo es una losa para sus políticas redistributivas y para el mantenimiento de las prestaciones públicas que inevitablemente va exigiendo la economía a medida que avanza gradualmente a estadios superiores de desarrollo sino que debilita la maniobrabilidad de la política económica para afrontar cualquier tipo de acción anticíclica usando políticas activas de carácter fiscal/presupuestario.

¿A qué se debe esta insuficiencia de los ingresos fiscales? 

Creemos que existe una gran relación con la fácil y abundante dotación de recursos naturales que han desalentado el desarrollo de una maquinaria administrativa adecuada a los estados modernos de otras zonas del mundo (sería otro efecto de la “maldición de los recursos naturales” mencionada en el punto 4). 

También guarda relación con los aspectos institucionales a los que aludimos en el siguiente punto 8, en los que veremos la coexistencia de sistemas presidencialistas fuertes con administraciones públicas débiles.
 Todo esto puede ilustrarse con el actual caso de Venezuela, que ha caído en la tentación de descuidar una administración fiscal imprescindible por culpa de sus gigantescas reservas de petróleo, pero lo mismo es aplicable a otros países como al Méjico de los años 90, a Argentina etc.


8.- Fragilidad institucional

8.1. FRAGILIDAD INSTITUCIONAL

Tras tantos años en busca de las claves del desarrollo económico, debatido por tantas escuelas (teoría de la dependencia, centro-periferia, política sustitutiva de importaciones/Cepal, énfasis sucesivo en los distintos factores de producción: capital, recursos naturales, recursos humanos) hoy se reconoce, con tácito consenso, el papel central de la calidad institucional como factor decisivo del desarrollo económico.

No nos referimos con ello a la mera arquitectura jurídica y organizacional de los estados sino a un concepto más amplio y genérico desde Douglass North (1990) quien considera a las instituciones como las reglas de juego que determinan las restricciones y los incentivos en las interacciones que se producen en la sociedad. Y lo importante es que estas reglas o instituciones no sólo abarcan los aspectos formales (leyes, normas…) sino también los informales (tradiciones, códigos de conducta, hábitos culturales sobre derechos de propiedad y transacciones…) que son determinantes para el funcionamiento de la economía y los mercados.

Un excelente resumen de lo que decimos podría estar contenido en el propio título de uno de los libros más influyentes de los últimos años, el de Daron Acemoglu y James A. Robinson: “Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza: Por qué fracasan los países” (Deusto), a cuya pregunta los autores  responden a lo largo del libro señalando que los países fracasan, precisamente, por sus deficientes “instituciones”.

Pues bien, este es el contexto amplio de la “fragilidad institucional”, que hemos enunciado como rasgo específico de Latam y que le ha supuesto con frecuencia un freno al desarrollo. 

No hay que olvidar tampoco que uno de los atributos más importantes de la “calidad institucional” es la seguridad jurídica, y ésta ha sufrido con indeseable frecuencia diferentes episodios en varios países de la zona afectando al correcto funcionamiento de los agentes económicos y a los propios mecanismos de la economía privada (más allá incluso de los evidentes perjuicios a los inversores extranjeros).

8.2. DISFUNCIONALIDAD DE ALGUNAS FORMULACIONES CONSTITUCIONALES

Hay otros aspectos de esta fragilidad institucional de América Latina de gran trascendencia económica aunque surjan desde un enfoque técnico-jurídico.

a) En lo referente a la organización institucional, se da el caso llamativo de que todos los estados de América Latina comparten un sistema presidencialista fuerte que, sin embargo, contrasta con una administración pública débil. Esto resulta una fuente de constantes problemas para sus ciudadanos y también, por qué no decirlo, para los inversionistas extranjeros, especialmente para aquellos dirigidos a los sectores de servicios públicos.

b) Dando un paso más allá en el análisis de esta fragilidad institucional, y reflexionando desde un profundo análisis constitucionalista, se constata en el área una dirección divergente de sus sistemas constitucionales, entrando en conflicto dos vectores de opuesta dirección:

   Por una parte, un vector centrípeto hacia un Gran Estado: en las partes declarativas de sus constituciones se invoca el Estado Social de Derecho, con un enfoque intervencionista y generador de expectativas múltiples en el campo de los derechos sociales

   Por otra parte, otro vector centrífugo de huída del Estado: en sus partes orgánicas las constituciones configuran un aparato del estado reducido al mínimo con planteamientos netamente neoliberales, recelando de todo intervencionismo. Con ello los estados resultan en la práctica pequeños e inoperantes. 

Esta incongruencia, copiando las grandes intenciones de los modelos constitucionales más “sociales” de Europa pero desestimando una administración pública más activa, es disfuncional y supone una fuente continua de conflictos y de gran frustración para los agentes económicos y para el conjunto de los ciudadanos: éstos constantemente reclaman medidas, a su vez prometidas por sus autoridades y sus constituciones, que no están al alcance de las posibilidades reales de sus mecanismos administrativos ya que no pueden ejercer sus funciones y elevan a la vez los costes de transacción.

c) Todo ello conduce a la postre a otra peculiaridad regional: el profundo desprestigio ante los ciudadanos de los órganos de representación popular, es decir, de los congresos y los parlamentos.

9.- Inestabilidad financiera desde una visión retrospectiva amplia

En buena parte debida a la propia gestión de las políticas macroeconómicas en el pasado, relacionadas también por supuesto con el funcionamiento de las finanzas públicas: insuficiencia fiscal y presupuestaria con sus consecuentes problemas de la deuda pública y de las restricciones de sus balanzas de pagos financieras, llegando en varios momentos y en varios países incluso al default de la deuda (caso más recordado el de Argentina o incluso el de Méjico en la crisis del tequila en los 90 que tuvo que plantear el impago en el Club de París).

En cuanto al sector privado, su sistema financiero se ha caracterizado por un escaso desarrollo en el contexto de una escasa bancarización de la región, siempre hablando en términos comparativos con otras áreas, por supuesto.

No obstante, hay que señalar que en la actualidad América Latina ha afrontado la crisis de la Gran Recesión, en términos generales, con una mayor estabilidad financiera que otras zonas del mundo y un correcto desempeño macroeconómico.

RESUMEN DE LAS CARACTERÍSTICAS
  1. Heterogeneidad
  2. Desigualdad renta
  3. Escasa integración económica entre sí
  4. Gran dependencia de los RR Naturales
  5. Desfase de la transición demográfica
  6. Inflación larvada
  7. Insuficiencia fiscal
  8. Fragilidad institucional
  9. Inestabilidad financiera



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